Reflexiones desordenadas sobre el Festival de Cine de Bogotá, a manera de diario.
VIII. Miércoles 10 de Octubre de 2007
(Disculpas por el retraso en escribir esta entrada. Cuestiones de trabajo)
- El Festival de Cine de Bogotá y la sala Los Acevedo del Museo de Arte Moderno, cansados de mi abuso constante durante toda la semana, se empeñan en reivindicarse, así sea en el penúltimo día (el último día para mí). No me piden "sencillo" al comprar la boleta, abren la sala a tiempo y a la hora casi en punto, empieza la función. Mujeres Rev(b)eladas (asistencia total estimada: 7 personas) es un documental argentino que podríamos ubicar un poco a la izquierda de El Cofre. Estas pobres mujeres -obreras en Argentina a comienzos del Siglo XX-, la película nos indica, estaban sujetas no solo a la opresión de clase, sino también a la de genero. La "gente de bien" les achaca el abandonar sus hogares por ir a trabajar. Los obreros hombres les reclaman la falta de compromiso sindical, por dedicarle demasiado tiempo al hogar. Aparentemente todo iba a cambiar cuando aparecen Perón y Evita en escena, pero en ese momento la película se interrumpió.
Los proyeccionistas se dieron cuenta, probablemente porque alguien que entró a la sala 20 minutos tarde se los indicó, que Mujeres no era la película programada a esa hora, que ya la habían dado en la función anterior. Como si nada, ahí si, inició la función que yo fui a ver. No hubo tal reivindicación y se estaban acabando las posibilidades.
- Dos documentales colombianos: Otro Mundo y El Imperio de las Esmeraldas. La anécdota de Otro Mundo es interesante, se trata de las supuestas posesiones demoníacas colectivas que se presentaron en ciertos municipios de la costa hace un par de años. Lo espeluznante en la película es la credulidad absoluta de las personas representadas, desde humildes campesinos hasta profesores de colegio, profesionales de la salud y sacerdotes. Se proponen las explicaciones sobrenaturales más absurdas: posesión por parte de seitan, posesión por parte de espíritus de personas muertas que no han "visto la luz", espíritus liberados por la tabla ouija -no podía faltar-, espíritus liberados por la proliferación de iglesias protestantes, energías de otras dimensiones (o subdimensionales, o transdimensionales, lo que sea) vagamente equivalentes a íncubos, brujería común. Cada una de estas explicaciones es aceptada por un personaje u otro sin el menor asomo de duda. Como documento sobre religiosidad popular, la película es muy relevante. Por otro lado, hablando más como escéptico que como espectador, me parece que no se hace un esfuerzo suficiente en presentar una explicación racional de los eventos descritos. (Varias explicaciones de este tipo de fenómenos con enlaces a más bibliografía relevante se pueden encontrar en skepdic). El documental en cuestión lo más lejos que llega es a sugerir que algunos brujos/curanderos/lectores del tabaco/etc. pueden ser unos charlatanes aprovechados, en el par de ocasiones que el entrevistador pregunta los precios de los "servicios" de estas personas ($1'200.000 es la respuesta una vez). Sin embargo, por lo menos en lo que se ve, nunca se formula una pregunta incómoda ni a los campesinos, ni a los profesores, ni al sacerdote, ni mucho menos al brujo, a quien se le permite sin crítica ni contrapunto expresar las barbaridades más atroces. La conclusión final, reforzada por los agradecimientos a organizaciones espiritistas en los créditos, es que sí sucedieron unos acontecimientos paranormales, que algunos entienden y otros no pero de cuya existencia nadie duda. Esta conclusión -además de falsa en mi opinión- es muy triste al ver en las escenas finales a una mujer que obviamente tiene problemas psiquiátricos serios, sujeta al abuso y la condescendencia de su familia, la comunidad y privada de cualquier posibilidad de tratamiento por culpa de la superchería.
- Aprovecho el tema para un "servicio social". Está haciendo la ronda de las salas "alternativas" de la ciudad el "documental" What the Bleep do We Know. Se sugiere a los espectadores de esta película revisar y considerar las posiciones que la critican por usar la física cuántica para promover pseudo-ciencia. ¿No es por lo menos ligeramente sospechoso que los directores sean discípulos de una de las entrevistadas, JZ Knight, quien afirma canalizar a "Ramtha", un guerrero de Lemuria que supuestamente luchó contra la Atlántida hace 35000 años? (Cabe anotar que Knight tiene el copyright sobre Ramtha y ha llevado gente a la corte por usar el nombre). Esta no es una invitación a no ver la película, si no a informarse de antemano y a asistir con ojo crítico.
- Retomando; El Imperio de las Esmeraldas es una película ostensiblemente patrocinada por el autodesignado Emperador, Víctor Carranza. Con un tono a medio camino entre documental de televisión de los años 80 y comercial turístico, a veces parece estar haciendo demasiado esfuerzo en enfatizar que las relaciones con el narcotráfico se evitan a toda costa (por lo menos por parte de don Víctor), que el gobierno no invierte suficiente en la zona, que el negocio no está tan bien y que, aunque la situación es de paz, los esmeralderos tienen todo derecho a "protegerse" con decenas -literalmente pequeños ejércitos- de escoltas.
- Mi última película del festival fue el otro largometraje colombiano en la selección oficial que no había visto, Helena (asistencia total estimada: 30 personas). Después de ya sabemos qué, todo parece bueno, refrescante y vital en comparación. Más de la misma unsteadycam (aunque en planos más largos en este caso), composiciones tipo "acabo de comprar una cámara" (véase por ejemplo la escena durante la parada del bus o las conversaciones entre la protagonista y su marido al comienzo), close ups extremos de ojos y bocas y los mismos diálogos aparatosamente literarios - banalmente filosóficos inseguramente recitados que hemos visto en casi toda la ficción colombiana en el Festival (¿Quién habla así en este país?). Es como un competidor al Premio Alexis de hora y media, nuevamente visto con buenos ojos por ser un primer esfuerzo y en el que se agradece que se tome su tiempo en la mayoría de las secuencias y trate de contar su historia con calma. Proyectado en DVD no parece que el transfer a formato de cine se justifique del todo, aunque es buena cosa porque les permite exhibición comercial.
Ahora, todo el castillo de naipes se viene al piso al oír hablar al director, Jaime Espinosa. Si las premisas sobre las que afirma que la película se basa son verdaderas, entonces la brecha entre sus intensiones y sus resultados es enorme y en términos de solucionar los problemas que se plantea la película es poco menos que un fracaso. Se habló mucho de "lo visual" y de ideas y de lo que querían y sin embargo acá "lo visual" no basta ni para presentar los hechos simples de la historia. A pesar de las largas secuencias entre los amantes en la primera mitad, tienen que incluir un "me estoy encarretando" en una conversación telefónica y ni aún así resulta convincente la profundidad de la relación en tan poco tiempo (por no hablar de lo convincente que no resulta el comienzo de la relación). Por lo menos dos aspectos fundamentales de la trama tuvieron que ser explicados al final de la película: la actuación de "los dos manes" que se suben al bus al comienzo y que uno de los personajes tiene una situación económica cada vez más precaria. Varios otros "orificios" de la historia se quedan en el aire, notablemente que el protagonista no conozca el nombre de "Patricia" a pesar de haber visitado su tumba.
Pero todo esto se debe comprender, aparentemente, porque "cada personaje tiene un color" (yo podría pasar el resto de mi vida sin tener que escuchar o leer esas cinco palabras juntas nunca más en relación a una película), excepto cuando no lo tienen, que es la mayor parte del tiempo; por "la fuerza dramática que tiene la historia" (makes perfect sense if you ignore that whole "logic" thing), porque "es un rodaje muy guerrillero" y porque las condiciones de la realización fueron "muy un poco Nueva Ola". En mi opinión, en "ensayamos cada escena 100 veces y escribíamos el texto cuando estábamos satisfechos" implica un satisfechos no muy riguroso y 100 no fueron suficientes. ¿Cuántas veces habrán ensayado antes de escribir textos similares y "sacar" actuaciones similares en Sin-Ti-Miento?
Lo que no se pudo constatar fue qué tanto lograron el "sonido subjetivo" que se propusieron, pues, como bien afirmó el director, en ese sentido "tenemos un problema y es de sala". Habrá que esperar a ver que tal suena la película en 5.1 y si el tell don't show que parece ser la política efectivamente es por lo menos más claro que en el sonido "casi monofónico" DE LA SALA LOS ACEVEDO DEL MUSEO DE ARTE MODERNO.
En cualquier caso, si la idea era usar unos recursos para hacer una película y hacerla completa y coherente en la medida de lo posible, se trata de una obra digna y decente. De lo contrario, si hay que juzgarla en términos de todos los "queríamos" del director, es un ejemplo notable de vacua pretensión.
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