La siguiente serie de posts discute lo expuesto por David Melo, de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, durante el evento académico "Ley de Cine, Proyección y Perspectivas", efectuado como parte del pasado Festival de Cine de Bogotá. Los contenidos de la charla durante el evento representan la posición oficial, expresada por quien tiene el cargo público más alto en cuanto a Cine se refiere en el país. Como posición oficial y como resumen, es natural que se trate más de un "parte de éxito" que de cualquier otra cosa, de la repetición de la visión triunfalista que se acepta, en mi opinión tristemente, como el statu quo.
En esta introducción se discute la posición de la crítica sobre las películas colombianas recientes y la contradictoria posición de atacar las películas desde perspectivas estéticas o ideológicas mientras que se acepta implícitamente la operación del modelo económico-legal que las produce e influencia en gran medida sus contenidos.
Como se ha expresado anteriormente en este espacio, una visión alternativa es posible; una que por lo menos discuta la contradicción entre las palabras que expresan los agentes del sector y lo que como espectador se experimenta al ver Gringo Wedding, Buscando a Miguel, El Cielo, el cortometraje Fiesta Viva repetido hasta la nausea en las salas de Cine Colombia1 o los trailers de El Sueño del Paraíso, La Ministra Inmoral y Muertos de Susto . Y no es que no sea un secreto a gritos que la calidad actual del cine colombiano de largometraje de ficción es baja. En un enlace dado por un lector en un comentario de este blog se puede leer la siguiente opinión de Pedro Zuluaga en el Colombiano: "El cine colombiano 2006 está al lado del más débil para hundirlo en su debilidad, del pobre para condenarlo en su pobreza, del feo para burlarse de él y del mañé para que se lo goce el de buen gusto. Por tanto, este cine es, a pesar de sí mismo, estéticamente débil, pobre, feo y mañé, y políticamente muy cuestionable". Esto decía el editorial del número 78 de la Revista Kinetoscopio: "Durante 2006, y a pesar del alto número de espectadores que logró llevar a las salas, el cine colombiano no convenció: fueron películas poco críticas en términos sociales y políticos -a pesar de la apariencia contraria-, mediocres en riesgos estéticos, o completamente desproporcionadas en ellos [...], y que le apostaron a satisfacer a un espectador nivelado por lo bajo. [...] Y lo visto en Cartagena, un resumen del año anterior con algunos estrenos del 2007, dio nuevos motivos de desazón. El balance entrega un mayoritario número de películas para el consumo interno y el olvido". Hace tan solo una semana, Juan Carlos González se quejaba en El Tiempo de lo difícil que es reseñar una película colombiana pues, si la crítica es negativa "la mayoría de los cineastas nacionales no toleran que alguien les haga caer en cuenta de sus errores y siempre enarbolan la bandera del enorme esfuerzo que costó realizar una película" (Helena, ¿me escuchas?). En resumen, para sorpresa de Cinematografía y Proimágenes, se hacen películas colombianas malas y son mayoría.
El otro problema aparece cuando la posición crítica -y me refiero específicamente a la de la revista Kinetoscopio, de la cual Zuluaga y González son colaboradores- toma la forma de se hacen malas películas en un sistema excelente . "Abogamos por que, por lo menos desde la política pública y desde la convicción personal de algunos creadores, esa desmesura mercantilista que trafica con los sueños, las expectativas, los deseos y la ingenuidad de los espectadores, tenga un contrapeso" (op. cit.). Eso está muy bien, ¿no?. El problema es que el conjunto Cinematografía-Proimágenes, como Próspero, reconoce como suya esa cosa de la oscuridad que es el Cine Colombiano bajo la Ley de Cine. Siendo así, la misma Kinetoscopio renuncia a su independencia y desestima las opiniones de su editorialista al aceptar implícitamente el funcionamiento del sistema participando en (y ganando) convocatorias de formación de públicos, nada menos que para hacer ediciones sobre la producción en el cine colombiano. "Lamentablemente, se ha extendido la creencia de que el público está masivamente infantilizado, cuando la verdad es que si lo está es precisamente porque se le prohíben, de hecho, otras alternativas" (ibid.). Afortunadamente los paladines de la formación de públicos vienen al rescate de las personas que de todas formas leen la revista . Entonces, igual todo bien, cuando "ciertos cineastas" hagan mejores películas entonces no todas serán tan malas.
En el tratamiento del tema de la conferencia sobre la Ley de Cine, el propósito de este "ensayo por entregas" es explorar una hipótesis diferente, según la cual los modos de producción, en los cuales la operación de la Ley 814 es clave, tienen una influencia enorme en el la (poca) calidad de las películas que se producen (bien sea como obras de arte, como representaciones o como artefactos sociales). La perspectiva es que la posición oficial exagera los logros, sobreestima las perspectivas y conspicuamente ignora los defectos y el mal estado del cine colombiano actual, con el apoyo implícito de la crítica representada en Kinetoscopio, que alegremente se incorpora al sistema y parece creer que con ligeros cambios de forma, bajo el mismo esquema, "otro cine es posible" (ibid.).
La forma que tomará la discusión es el análisis de las respuestas suministradas por correo electrónico por el señor Melo a una serie de preguntas formuladas por ese mismo medio después de la conferencia. El tono tanto en las preguntas como en las respuestas es serio y, de hecho, poco amable, pero esto tiene la ventaja de darle franqueza a la discusión y evitar rodeos y formalidades inútiles.
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1 "Sírvame un trago de a cinco, sírvame uno de a cincuenta", dice la "cabeza parlante" en Fiesta Viva. A continuación, adivine qué, planos de gente tomando alcohol, mientras la banda sonora repite un par de veces ese verso del Sanjuanero. Wow!, ¡montage! (nuevamente, pronunciése "montach")
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