Castellanos V, G. 2006. Cine en Colombia: Siéntalo, entiéndalo y hágalo . Bogotá : Proimágenes en movimiento.
Nota: En esta serie de posts se discuten fragmentos seleccionados del libro en cuestión. Por comodidad, no se indica la página en la que se puede encontrar cada cita sino únicamente el capítulo y subtítulo correspondiente. A menos que se aclare explícitamente, todos los errores ortográficos en las citas son de mi transcripción.
Ostensiblemente, Cine en Colombia de Gonzalo Castellanos es un "manual para el productor". Publicado por el ente regulador de todo lo cinematográfico en el país, Proimágenes en movimiento1 y presentado por su directora vitalicia, sus capítulos incluyen "El Sistema de Financiación del Cine en Colombia", "La Nacionalidad de la Película", "Los Derechos de Autor en la Cinematografía" y "La Exhibición Cinematográfica", entre otros. Igualmente, como anexo, incluye toda la reglamentación vigente para la cinematografía nacional. Bien podría cambiarse su título por "Cómo Ser Productor de Cine, para Dummies".
Este tipo de manual no podría resultar menos interesante para los propósitos de éste blog. Es apenas natural que quien maneja los recursos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico quiera que sus eventuales beneficiaros conozcan la dinámica del sistema. Además, afirmar que para hacer cine se necesita dinero, la conclusión lógica de este tipo de estudio, es una perogrullada cerrada a cualquier discusión.
Adicionalmente, no se trata precisamente de un libro bien escrito. Aún el productor novato más interesado estaría en todo su derecho de cerrarlo cuando al comienzo del primer capítulo se encuentra con un párrafo inconexo, desarticulado, redundante, lleno de buzzwords y con errores ortográficos como:
Aquellos a los que los grupos sociales atribuyen un valor especial de significación simbólica, histórica, estética, artística, tradicional e, incluso, ideológica, constituyen el patrimonio cultural de aquéllos [sic].
Ya es suficientemente malo empezar un párrafo con un "aquellos" implícito como para tener que terminarlo con otro "aquéllos", confuso y mal escrito, todo esto en un libro que cuenta con un corrector de estilo y una coordinadora editorial, así como preparación editorial de la Universidad Nacional. Por cierto, ¿qué tipos de significación no simbólica existen, no es toda significación simbólica por definición?, ¿cuál es la diferencia entre los valores especiales y normales de la "significación simbólica"?
Entonces, ¿qué sentido tiene centrar nuestra atención en este libro? ¿Qué podría hacer de su análisis una labor fructífera? Fundamentalmente, la respuesta se encuentra en la siguiente cita, tomada del prólogo escrito por Felipe Aljure:
Quien quiera leer una simple cartilla de información sobre cómo hacer una película en Colombia se equivocó de libro, pues aunque en su texto también se absuelven todas las posibles dudas de ese tipo, en sus subtextos y reflexiones yace la visión filosófica de la función del cine en el cuerpo social colombiano y de su importancia para lograr que los seres humanos que nacemos y crecemos en este país tengamos la posibilidad de pensarnos, divertirnos, reflexionarnos, criticarnos, sentirnos y vernos con imágenes propias.
"En sus subtextos y reflexiones yace LA visión filosófica de la función del cine". Así que hay una sola y este es el lugar para encontrarla, así sea mal escrita. Ese es el meollo del asunto: no creo -y no se nos muestra en ningún lado- que exista una única visión filosófica (ni una única función del cine tampoco). Más aún, si la visión filosófica está en las líneas de lo evidente mal redactado2, entonces verdaderamente la situación es crítica.
Es mi propósito sugerir que las ideas diseminadas en superficiales reflexiones a lo largo del texto están lejos de constituir una posición coherente, mucho menos "filosófica" u orientadora de la función del cine en el país. Considero esta labor especialmente relevante dado el carácter de "posición oficial" que su origen le otorga al libro, así como el hecho de que su autor, como nos recuerdan Aljure y la solapa, "ha contribuido [...] al proceso cinematográfico de nuestro país" y "Ha sido consultor y autor de diversidad de proyectos culturales como la ley de cine de Colombia"3.
Entrando en materia, Gloria Triana inicia su presentación del libro, titulada "Hacemos Cine", con estas palabras:
La nueva Ley de Cine entro en vigencia hace tres años, y hoy en día parece que el horizonte se hubiera despejado y que un nuevo clima reinara en el sector. Existe ahora la percepción de que es posible hacer cine en Colombia. [sic]
La propia página de Proimágenes en movimiento lista en sus estadísticas 38 películas colombianas de largometraje producidas/estrenadas entre 1993 y 20034, los años del horizonte oscuro entre la liquidación de FOCINE y la Ley de Cine; o bien durante ese período se hacía cine sin que existiera la percepción que era posible, o la funcionaria está afirmando abiertamente que La Gente de la Universal, La Vendedora de Rosas, La Virgen de los Sicarios, Kalibre 35 y demás no son cine, o por lo menos no cine Colombiano. Me imagino que, en oposición, obras maestras del cine Colombiano actual -rebosantes ellas de colombianidad - como Gringo Wedding y El Trato son la prueba tangible de la percepción según la cual es posible hacer cine en el país, ahora con el respaldo de LA visión filosófica.
Anteriormente se ha discutido que esta noción según la cual "el cine colombiano empieza con nosotros" tiende a surgir con frecuencia, casi que acompañando cada película que se hizo en el Siglo XX en el país y es ahora la posición oficial compartida unánimemente por toda la industria. Esto más tiene Triana por decir al respecto:
Cuando en Colombia se produzcan por lo menos 14 películas anuales, cuando los inversionistas privados se apropien de los estímulos tributarios que les concede la nueva ley, cuando las entidades financieras otorguen los créditos preferenciales como se prevé y cuando los productores, los directores, los guionistas, los actores y todos los talentos que intervienen en el quehacer del cine logren atraer al público a las pantallas con sus películas e historias podremos decir que hemos iniciado una era diferente.
Nada menos que una era diferente iniciará cuando todo eso suceda, si es que ese día llega. Pero, ¿cómo así?, ¿no que ya reina un clima diferente? ¿O es que actualmente estamos en el NuevoNuevoNuevo Cine Colombiano y cuando el año maravilloso de las 14 películas llegue entraremos al NuevoNuevoNuevoNuevo Cine Colombiano? Esto de las eras es bastante confuso.
Por demás, la costumbre de negar abiertamente el pasado, aún la propia participación en él, como hacen Aljure y demás directores del período 93-00, no es -no puede ser- simplemente negligencia, desconocimiento u olvido. De hecho, esta posición "revisionista" tiene unas implicaciones importantes al momento de explicar y defender la necesidad de apoyo estatal al cine colombiano. Como se verá al discutir el capítulo dos, una de las excusas usualmente esgrimidas es que ahora que estamos en una nueva era y por primera vez se está haciendo cine en Colombia, no nos podemos permitir parar desmontando la Ley de Cine y demás modelos de apoyo paternalista.
La cifra mágica de las 14 películas anuales es una que surge con bastante regularidad. ¿Qué tiene de especial el número 14? En realidad la respuesta a esta pregunta es poco mística, e incluso un tanto aburrida. En Impacto del Sector Cinematográfico sobre la Economía Colombiana: Situación actual y Perspectivas, un estudio comisionado por Proimagenes en movimiento en cuyas recomendaciones se sustenta la Ley de Cine, se sugería que si en el país se estrenaban 14 largometrajes colombianos por año en el período 2001-2005 y las cifras de asistencia a las salas recuperaba los niveles de 1994 (cuando el cine colombiano estaba "muerto" y la industria en general en crisis), entonces los productores de cine en el país tendrían unas ganancias "razonables" del 10-15%. Todo esto, con el estado aportando solamente entre el 48.5 y el 69.4% de los presupuestos totales de producción. Sobra decir que ni se estrenaron los 14 largos ni la asistencia subió según se esperaba.
Que el número 14 se siga usando desde tan altas posiciones representa una incomprensión por parte de quienes más claro deberían tener el asunto o, peor aún, una negación desvergonzada, pero muy conveniente, del hecho que la Ley ha fracasado respecto a las premisas en las que se sustenta.
Volviendo al libro en cuestión, el prólogo de Aljure no hace más que reincidir en los vicios discutidos hasta ahora. Considérese el siguiente fragmento:
Este libro habla pues de la concreción del sueño cinematográfico de nuestro pais y de como es un deber de todos seguir velando para que nuestra Ley de Cine sea comprendida desde lo profundo de sus bases filosóficas así como también desde lo concreto de los planteamientos jurídicos y administrativos que es necesario conocer y seguir para lograr plasmar en películas nuestras distintas visiones del mundo.
El "para lograr plasmar" implica que, por ahora, no se ha logrado, que nuestras distintas visiones del mundo no se han plasmado, quizá ni siquiera en La Gente de la Universal. Por otro lado, aquello (de aquello de aquellos) de la concreción no es más que otra forma de decir "acá empezamos a hacer cine en Colombia", es decir, el consabido Cine Colombiano - No Pasado. ¿Y la razón por la que es necesario plasmar en películas nuestras visiones del mundo? Pues una vieja conocida de este blog5, la formación de públicos:
... en el equilibrio entre comprender la importancia de hacer cine y entender las posibilidades jurídicas y financieras para hacerlo encontraremos la llave que abre las puertas hacia una Colombia audiovisualmente alfabetizada, cómo del conocimiento del alfabeto audiovisual salen los grandes narradores en imágenes y de un país capaz de narrarse y reflexionarse desde su propio punto de vista sale un país con mejores seres humanos.
Reitero que no existe evidencia de que Colombia sea o no "audiovisualmente alfabetizada", ni siquiera existe una definición de qué es exactamente la tal "alfabetización audiovisual". Tampoco están en ningún lado las investigaciones que muestran que a) Colombia no fue capaz de narrarse en imágenes antes de la Ley de Cine y b) sí es capaz ahora. Si mucho, que con más películas más "diversas" hechas se obtiene una mayor reflexión del país y, por lo tanto, mejores colombianos no es más que una hipótesis, abierta a discusión y el peso de cuya prueba recae sobre quienes la esgrimen. Si esta es la única visión filosófica sobre la que se sustenta el esqueleto del cine Colombiano actual, entonces es verdad que "Hacemos Cine", pero lo hacemos por razones insuficientes y, en mi opinión, erradas.
En documentos posteriores nos internaremos en las reflexiones y subtextos que supuestamente guardan la visión filosófica de la labor del cine en el cuerpo social Colombiano. Por ahora, el panorama es menos que prometedor.
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1 Se considera acá indisoluble a Proimágenes de la Dirección de Cinematografía (¡ni que quedaran en la misma casa!), aunque sería más preciso considerarla como la cabeza siniestra de un monstruo bicéfalo.
2 Los primeros "aquellos" a los que hace referencia la primera cita son bienes culturales, de modo que se puede interpretar el texto como que los bienes culturales a los que los grupos sociales otorgan algún valor constituyen su patrimonio cultural. ¡Qué filosófico subtexto! Well, duh!
3 ¿Debemos interpretar entonces que fue él quien fusiló la Ley de Cine de las de otros países?
4 ver "Gráfico_Estrenos"
5 Ver El mito de la Formación de Públicos
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