Esta serie de posts presenta una definición del termino madurez aplicable a las películas colombianas, es decir, la posibilidad de películas colombianas adultas. En la primera parte se estudian algunas tendencias valorativas de la crítica en el país y se propone el análisis de madurez como complemento y alternativa. En la segunda, se presenta un acercamiento a la definición del tópico con base en elementos formales y narrativos y ejemplos del cine colombiano reciente. Finalmente, se evalúa la situación del cine nacional actual, discutiendo su tendencia a la adolescencia cinematográfica y el infantilismo. Se argumenta por la necesidad de películas colombianas adultas y se propone Los Niños Invisibles como prototipo.
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Casualidad
Uno de los criterios clave listados por Rosenbaum relacionados con la madurez de las películas era la (ausencia de) las coincidencias y estratagemas (contrivance significa al mismo tiempo artefacto y estratagema, es decir, máquina y maquinación) de los géneros de Hollywood.
En general la dependencia en las casualidades, independientemente de la pertenencia a un género establecido, es una señal clara de la adolescencia conceptual de las películas. En primer lugar porque representa una forma barata de hacer avanzar la trama y dar motivación a los personajes ("¿qué tal si hacemos que Vader sea el papá de Luke?", "¿qué tal si el último "punto de giro" es que la mujer que Tom Cruise debe matar es la misma que Jamie Foxx llevó en el carro al principio?") o de crear drama ("¿y si el tipo que debe torturar a la muchacha la conoce y vivía en su casa? *). En segundo lugar, porque la selección (evidentemente consciente) de historias en las que el azar juega un papel clave, sobre todo en un contexto en el que la "representación de la realidad" es tan importante como en el cine colombiano, imposibilita el conocimiento y la comprensión de la "realidad" que de una manera u otra se pretende "representar".
Después de ver Karmma o La Sombra del Caminante, uno puede decir, "bueno, ya entiendo la situación de las personas que son secuestradas accidentalmente por sus propios hijos y vendidas a la guerrilla o de los desplazados que se encuentran con el ex-guerrillero arrepentido que antes mato a sus familias y destruyó sus casas". Sin embargo, ¿qué se puede extraer de estas historias excepto que el dolor de las victimas secuestradas por desconocidos o que nunca pueden ni podrán confrontar a los victimarios no puede ser peor que el de los personajes de ficción? Si efectivamente el propósito del cine -o aún de cierto cine- es tanto representar la realidad como "reflexionar" sobre ella, entonces ni Karmma ni La Sombra lo cumplen, pues las historias que muestran no solo no son representativas del conflicto en Colombia, sino que también alienan al público al impedirle crearse una opinión informada sobre los temas tratados.
Una visión adulta sobre estos temas y sobre las historias en general debe estar mucho menos fascinada por los vericuetos del azar y más centrada en las consecuencias de las acciones de las personas, en los efectos que causan en sí mismas y en los demás sus decisiones. El encuentro entre el hijo y el padre en Karmma o el verboso "climax" de La Sombra del Caminante pueden ser conmovedores (nótese que conmovedor y patético son sinónimos), pero tiene una carga mucho mayor de realidad y de significado ver a Santiago asumir (y sufrir) las consecuencias de sus decisiones hasta el final en Sumas y Restas, por apresuradas y equivocadas que sean esas decisiones y superficiales los motivos que lo condujeron a tomarlas.
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