Esta serie de posts presenta una definición del termino madurez aplicable a las películas colombianas, es decir, la posibilidad de películas colombianas adultas. En la primera parte se estudian algunas tendencias valorativas de la crítica en el país y se propone el análisis de madurez como complemento y alternativa. En la segunda, se presenta un acercamiento a la definición del tópico con base en elementos formales y narrativos y ejemplos del cine colombiano reciente. Finalmente, se evalúa la situación del cine nacional actual, discutiendo su tendencia a la adolescencia cinematográfica y el infantilismo. Se argumenta por la necesidad de películas colombianas adultas y se propone Los Niños Invisibles como prototipo.
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Aspectos formales
El carácter adulto de una película es en gran medida inverso a la prominencia que sus realizadores den a lo formal, así como a la dislocación entre el estilo -es decir el uso del medio- y el contenido. Bajo esta perspectiva, existe una marcada correlación entre lo que Adrian Martin (citado y expandido por Elsaesser y Buckland en Studying Contemporary American Film, 2002, p85ss) llama puesta en escena manierista (o amanerada) y lo que acá pretendemos definir como la adolescencia de las películas.
La definición de Martin y sus apreciaciones se pueden ver en la siguiente cita:
[In mannerist mise en scène ,] style performs out of its own trajectories, no longer working unobtrusively at the behest of fiction and its demands of meaningfulness. [... if Mannerist (post-classical Hollywood) film] gains something interesting and novel, it seems to also lose a great deal that has been associated with the lofty concept of mise en scène. In particular, it loses the capacity for a more subtle kind of "point making" -the kind we associate with a certain critical distance installed between the director and the events that he or she shows.
El término clave acá es "sutil". Sin duda, se pueden relacionar los puntos expresados sutilmente a los que Martin se refiere con las percepciones propias de la edad mencionadas por Rosenbaum. Entonces, en primera instancia, la madurez es una cuestión de distancia crítica en la relación entre lo que se está contando y la manera como se está contando (es decir, en la puesta en escena en su definición más fundamental).
Tomando como ejemplo una película colombiana reciente, si de algo no es posible acusar a El Colombian Dream, es precisamente de sutileza, pues el asalto perceptual que su estilo heterogéneo hace sobre el espectador impone consigo los significados (pocos o muchos, profundos o irrelevantes, conscientes o no) que la narrativa acarrea. La preponderancia del estilo, obvia en la película de Aljure pero no siempre enunciable de manera precisa, puede consistir en varios de los siguientes "síntomas":
- Fascinación con el medio
Al ver ciertas películas, especialmente ciertas hechas por directores jóvenes y primerizos, uno a veces casi que esperaría que los personajes detuvieran sus actividades, miraran a la cámara y le hicieran un guiño al espectador (en Bluff el protagonista lo hace, casi literalmente), o que saliera el director o la directora a decirnos lo contento/contentá que está de estar haciendo CINE (en negrilla, cursiva y mayúscula, dado su evidente gran talento). Casi como si la banda sonora de la película se fuera a cambiar en cualquier momento por la pista con el comentario del director en el DVD, explicando cada una de sus motivaciones y decisiones.
Este tipo de interrupciones narrativas para dar paso a alardes formale es el caso en las escenas de efectos especiales en Karmma y Soñar no Cuesta Nada, casualmente ambas en puentes. En ambos casos, se trata de escenas construidas con un modelo de: a) Anticipación, preparación al efecto con disminución del ritmo y sensación de "acá va a pasar algo", b) Efecto (Tiroteo o Explosión), c) Repetición del Efecto (en cámara lenta y/o desde diferentes perspectivas) y d) Auto exaltación (esta última ocurre habitualmente en entrevistas de entretenimiento para la televisión). El punto es que estas secuencias "cinematográficas" -por llamarlas de alguna manera- representan efectivamente interrupciones y ostentaciones técnicas que de otra manera chocan con la trama, especialmente por la poco sutil presencia de las anticipaciones. En el otro espectro de la producción nacional, los anacronismos en La Historia del Baúl Rosado, por muy seguido y muy fuerte que se use el término Buñuelismo, no son nada diferente; alardes que poco tienen que ver con el tema tratado ni con la posición asumida, si la hay y que en este caso alinenaron por igual al público y la crítica.
En todo caso, lo que llamamos Fascinación con el Medio se puede ver también como el ansia de los directores por usar la película actual como portafolio de sus aptitudes, posiblemente con miras ya en el próximo "proyecto". Esto no tiene nada de malo, por supuesto, y menos dada la dificultad de producir de manera contínua en el país, pero ciertamente es una actitud que no llevará pronto a la realización consistente de películas colombianas adultas tampoco.
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